Número de PCE - 295

Etiquetas de advertencia de colorantes artificiales

Mantenida por: Unión Europea
Planteada por: Estados Unidos de América
Respaldado por: México; Nueva Zelandia
Planteada por primera vez en: marzo 2010 G/SPS/R/58 paras.28-30
Planteada posteriormente en: junio 2010 (G/SPS/R/59 paras. 45-47)
octubre 2010 (G/SPS/R/61 paras. 39-40)
Número de veces posteriormente presentada: 2
Documentos pertinentes: G/SPS/N/EEC/291 G/SPS/N/EEC/291/Add.1
Productos abarcados: 1704 Artículos de confitería sin cacao (incluido el chocolate blanco).; 2009 Jugos de frutas u otros frutos (incluido el mosto de uva) o de hortalizas (incluso «silvestres»), sin fermentar y sin adición de alcohol, incluso con adición de azúcar u otro edulcorante.; 2106 Preparaciones alimenticias no expresadas ni comprendidas en otra parte.; 2202 Agua, incluidas el agua mineral y la gaseada, con adición de azúcar u otro edulcorante o aromatizada, y demás bebidas no alcohólicas, excepto los jugos de frutas u otros frutos o de hortalizas de la partida 20.09.; 170410 - Chicles y demás gomas de mascar, incluso recubiertos de azúcar; 170490 - Los demás
Palabra clave (tema) principal : Inocuidad de los alimentos
Palabras claves: Inocuidad de los alimentos; Salud de las personas
Situación: No se ha notificado
Solución:
Fecha en que se comunicó su resolución:

Extractos de los resumenes de las reuniones del Comité MSF

En marzo de 2010, los Estados Unidos planteó preocupaciones con respecto al Reglamento (CE) Nº 1333/2008 de la UE sobre aditivos alimentarios. En el artículo 24 de ese Reglamento se exige que se señale la presencia de uno o más de los seis colorantes siguientes en los productos alimenticios: amarillo anaranjado (E 110), amarillo de quinolenia (E 104), carmoisina (E 122), rojo allura (E 129), tartracina (E 102) y rojo cochinilla (E 124). Los Estados Unidos cuestionan especialmente la base científica del Reglamento y expresan preocupación por sus posibles efectos negativos en el comercio internacional y la falta de transparencia de su adopción. La industria alimentaria utiliza ampliamente la mayoría de esos seis colorantes en productos tales como los artículos de confitería y las bebidas. El Reglamento notificado a la Secretaría de la OMC (G/SPS/N/EEC/291) no contenía la disposición relativa a la inclusión de advertencias, y los Estados Unidos no tenían conocimiento de que se hubiera presentado un addendum a la notificación original. Las estadísticas de la Universidad de Southhampton y de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no confirmaban la existencia de una vinculación entre los distintos colorantes y los posibles efectos en el comportamiento infantil. A los Estados Unidos les preocupaba también que la Unión Europea se propusiera aplicar la medida en julio de 2010.

Nueva Zelandia y México apoyaron las preocupaciones planteadas por los Estados Unidos y señalaron que la medida no parecía basarse en pruebas científicas.

La Unión Europea recalcó que la cuestión de los colorantes era un asunto complejo y delicado, especialmente en el caso de las bebidas y los artículos de confitería consumidos por niños, incluso de corta edad. Los aditivos identificados suscitaban preocupaciones de salud infantil, por ejemplo hiperactividad, pérdida de atención y trastorno por déficit de atención. El estudio realizado por la Universidad de Southhampton suscitó preocupaciones y despertó el interés de los medios de comunicación, lo que dio lugar a que comercios y minoristas abandonaran gradualmente la venta de productos que contenían esos aditivos alimentarios. El nuevo régimen normativo de la UE sobre aditivos y colorantes no era una prohibición de las importaciones sino que establecía simplemente algunas disposiciones específicas en materia de etiquetado. La EFSA emitió un dictamen en el sentido de que, si bien los cambios observados en el comportamiento de los niños eran pequeños, eran importantes desde el punto de vista estadístico. La Unión Europea aclaró también que se había presentado a la Secretaría de la OMC un addendum a la notificación original (G/SPS/N/EEC/291/Add.1). La nueva medida permitía un período de transición de 18 meses antes de su entrada en vigor. No se trataba de una medida discriminatoria, ya que se aplicaba por igual a los productores europeos y a las importaciones procedentes de terceros países.

En junio de 2010, el representante de los Estados Unidos reiteró su preocupación con respecto al Reglamento 1333/2008 de la UE sobre aditivos alimentarios. En el artículo 24 de ese Reglamento se exigía que se señalase la presencia de uno o más de los seis colorantes siguientes en los productos alimenticios; amarillo anaranjado (E 110), amarillo de quinoleína (E 104), carmoisina (E 122), rojo allura (E 129), tartracina (E 102) y rojo cochinilla (E 124). Los Estados Unidos cuestionaban especialmente la base científica del Reglamento y expresaban su preocupación por sus posibles efectos negativos en el comercio internacional y por la falta de transparencia en su adopción. La industria alimentaria utilizaba ampliamente la mayoría de esos seis colorantes en productos tales como los artículos de confitería y las bebidas. El proyecto de reglamento notificado a la Secretaría de la OMC (G/SPS/N/EEC/291) no contenía la disposición relativa a la inclusión de advertencias, y los Estados Unidos no tenían conocimiento de que se hubiera presentado un addendum a la notificación original. Las evaluaciones científicas realizadas en 2007 por la Universidad de Southampton y en 2009 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no habían confirmado la vinculación entre los distintos colorantes y los posibles efectos en el comportamiento infantil. Los Estados Unidos también expresaron su preocupación ante el hecho de que, a pesar de que la EFSA no había logrado demostrar esa vinculación, la Unión Europea se había propuesto aplicar la medida en julio de 2010. Los Estados Unidos habían solicitado recientemente a la Unión Europea que retrasase la aplicación de la medida, y proporcionarían en breve más de 580 estudios que constituían un examen científico exhaustivo de testimonios pertinentes.

Nueva Zelandia y México apoyaron las preocupaciones planteadas por los Estados Unidos y señalaron que no parecía que la medida de la UE se basase en pruebas científicas.

La Unión Europea aclaró que la prescripción de etiquetado se había adoptado en diciembre de 2008, y que se había establecido un período de transición de 18 meses para su aplicación, que finalizaba el 20 de julio de 2010, a fin de que la rama de producción pudiese cumplirla. La Unión Europea había notificado dicha medida como proyecto el 10 de agosto de 2006 (G/SPS/N/EEC/291) y también en un addendum al texto final, el 2 de julio de 2009 (G/SPS/N/EEC/291/Add. 1). En un estudio realizado en 2007 por la Universidad de Southampton se había concluido que la exposición a algunas mezclas de colorantes causaba un aumento de la hiperactividad a niños de 3 años y niños de 8 a 9 años de edad. El nuevo régimen normativo de la UE sobre aditivos y colorantes no prohibía las importaciones sino que solamente establecía algunas disposiciones específicas en materia de etiquetado. La EFSA emitió un dictamen en el sentido de que, si bien los cambios observados en el comportamiento de los niños eran pequeños, desde el punto de vista estadístico sí eran importantes. Hasta que no se demostrase con nuevas pruebas la ausencia de esos efectos, la Unión Europea no modificaría su postura. La Unión Europea instó a los Estados Unidos a comunicar todo nuevo dato científico disponible.

En octubre de 2010, los Estados Unidos reiteró su preocupación con respecto al Reglamento Nº 1333/2008 de la UE sobre aditivos alimentarios que exige, en su artículo 24, que se señale la presencia de uno o más de los seis colorantes siguientes en los productos alimenticios: amarillo anaranjado (E 110), amarillo de quinoleína (E 104), carmoisina (E 122), rojo allura (E 129), tartracina (E 102) y rojo cochinilla (E 124). Los Estados Unidos seguían cuestionando la justificación científica del reglamento, sus posibles efectos negativos en el comercio internacional y la falta de transparencia en su adopción. Se indicó que la industria alimentaria utilizaba ampliamente la mayoría de esos seis colorantes en productos tales como los artículos de confitería y las bebidas. Cuando se notificó a la OMC (G/SPS/N/EEC/291) el proyecto de Reglamento no contenía la disposición relativa a la inclusión de advertencias, y los Estados Unidos no tenían conocimiento de que se hubiera presentado un addendum a la notificación original. Las evaluaciones científicas realizadas en 2007 por la Universidad de Southampton y en 2009 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no habían confirmado que el empleo de los distintos colorantes afectase al comportamiento infantil. Los Estados Unidos también expresaron su preocupación ante el hecho de que, a pesar de que la EFSA no había logrado demostrar esa vinculación, la Unión Europea había aplicado la medida en julio de 2010 sin tomar en consideración la información pertinente publicada por organizaciones internacionales como el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios. Los Estados Unidos pidieron a la Unión Europea que informara de toda nueva ampliación de la lista de aditivos para los que se exigía una etiqueta de advertencia.

La Unión Europea aclaró que el nuevo régimen normativo de la UE sobre colorantes artificiales utilizados en los productos alimenticios no prohibía las importaciones sino que solamente establecía algunas disposiciones específicas en materia de etiquetado. Las prescripciones de etiquetado, que habían entrado en vigor en julio de 2010, no habían producido efectos perceptibles en el comercio. Se había establecido un período de 18 meses para su aplicación, concediendo tiempo a la rama de producción para que las cumpliera. A través de la EFSA, la Unión Europea continuaría evaluando todos los aditivos alimentarios para evitar cualquier interrupción innecesaria del comercio. La Unión Europea señaló que en la reunión celebrada en marzo de 2010, la Comisión del Codex Alimentarius había aplazado la decisión de adoptar nuevas disposiciones sobre la presencia en las bebidas de soja de rojo cochinilla A, uno de los colorantes del estudio de Southampton, por cuestiones de inocuidad alimentaria. La Unión Europea no cambiaría de postura hasta que tuviese constancia de nuevos datos que demostrasen la ausencia de efectos adversos de los colorantes del estudio de Southampton.